Ayer ha sido un día muy triste en NAVANTIA CARTAGENA. Nos hemos enterado que fruto del taruguismo imperante, ha sido cesada como Jefa de los Servicios Médicos de la factoría de Cartagena, Carmen Parrilla.
¿Causa?: La envidia de dos impresentables individuos con cargo y mando: Juan García Cervantes, y Jerónimo García Albaladejo. El primero Jefe de Prevención, y el segundo, Jefe de Personal.
Como no podían de otra manera con su exquisita forma de proceder, ni con su integridad profesional, la han defenestrado, aprovechando que el Director saliente (Míguelez) ya no estaba, y el entrante (Filgueira) solo la puede conocer de referencias.
Si Miguelez hubiera estado, Jerónimo el Jefe de los indios Siux, no se hubiera atrevido a cometer semejante atropello y barbaridad, pues Miguélez hubiera puesto de patitas en la calle, antes, a Jerónimo.
Ha sido una vendetta (sí, a la italiana) propiciada por Juan García Cervantes (de quien hablaremos otro día) y seguida por Jerónimo al pie de la letra como si en ello le fuera la vida.
Carmen, una Señora donde las haya, cuenta con el prestigio de toda clase, profesional, personal, social…, que cualquiera de los dos impresentables analfabetos funcionales, quisiera para sí. Subidos uno encima de otro, no le llegan a la altura de la suela de los zapatos.
Tarúguez, esto es lo que tienes. Investiga las causas, pero las verdaderas. Filgueira, recoge distintas opiniones y no te conformes con lo que te cuente Jerónimo. Después, obra en consecuencia. Carmen no se merece esta deshonrosa salida.
Todo lo malo que a ojos de los dos analfabetos ha hecho Carmen, ha sido no plegarse a sus componendas de todo tipo.
Igual, un día hablamos de un tal Tébar, (¿te suena, Juan?) y sacamos un muerto de debajo de la alfombra.

