La zona a la que quedamos confinados los dueños de los perros que queremos que se socialicen con otros perros y que corran libres y jueguen es una autentica pocilga.
Es el único lugar en el que nos permiten llevar a los perros sin correa, además de tener que andar por el hormigón (que no es lo más apropiado para sus patitas), se trata de un foco de infección que pone en juego tanto la salud nuestros animales cómo la nuestra propia. Ratas (vivas y muertas), botellas rotas, caca de caballo, esa basura blanca indescriptible que se queda enganchada en los matorrales los que, juzgando por su tamaño, no se han arrancado en años.
Y bueno, los accesos a la dichosa zona, que además de estar llenos de pipís de los “deportistas”, basura en general y bichos muertos (espero no encontrarme también con los vivos), son unas escaleras peligrosísimas, el día menos pensado alguno se parte el pescuezo bajandolas.
A todo esto sumamos el agua verde del río, lleva muchísima porquería con sus consiguientes mosquitos. ¿Me pagará el Ayuntamiento el tratamiento de mi perro si coge Leishmania a causa de los mosquitos, si coge cualquier otra infección si se cae al agua, o al comer alguna basura o si se traga un cristal?

