Un pueblo. Sí. Porque no es de ciudad de 200.000 habitantes que un día de fiesta, 12 de Octubre, Fiesta Nacional; con las calles llenas de gente, nativos y foráneos; estén los museos cerrados. Y mas cosas.
Pues resulta que después de varios aplazamientos, unos amigos de fuera de la ciudad vinieron a pasar el día a la tres veces milenaria con la idea de ver parte de nuestro tesoro y de nuestra oferta turístico-cultural.
Así que, partiendo del monstruo oxidado que han colocado en el puerto; nos presentamos en la puerta del museo del Teatro Romano. CERRADO. Nos quedamos con las ganas nosotros y el resto de posibles visitantes que hacíamos cola ante la puerta del Museo.
Pues nada, media vuelta y otro día será. A continuación nos dirigimos al Museo Nacional de Arqueología Submarina. Como ya veníamos advertidos del resultado anterior miramos el horario, donde pudimos comprobar que en festivos se abre y que estábamos dentro del horario de visitas. Bajamos la rampa de acceso y un señor, sentado en el muro; nos dijera que el museo estaba CERRADO. A estas alturas ya estaba un poco avergonzado por la situación, así que nos volvimos por nuestros pasos y nos dirigimos al barco turístico. Por lo menos ese sí que parecía funcionar pues había gente subiendo a bordo.
Otro fiasco. Pues resulta que al ir a poner los pies en el portalón, un funcionario o su equivalente, nos dice que no se puede pasar, que el barco está COMPLETO. No puede ser. No se puede tener tan mala suerte. Algo pasa aquí, y aquí no pasaba otra cosa que TODA la parte baja del barco estaba VACÍA. Sí, VACÍA. Alguien debería comprobar los resultados económicos de este barco, pues con la gente que iba dentro en esa travesía no debe sacar para cubrir gastos, y no me gustaría que de mis impuestos se destine ni un céntimo para salvar malas gestiones.
Pues como hacer de turista en mi propia ciudad me era imposible, nos fuimos a sentarnos a una terraza a por el vermut. ¡En qué hora nos sentamos en la terraza donde antes había un cine: ! ¿Qué van a tomar? Vermut rojo,.. ¡Perdonen!, es que no tenemos vermut rojo. ¿Cómo? Pues traiga vermut blanco. Tampoco tenemos. Pues traiga bíter. De eso tampoco tenemos. ¿Pero qué pasa aquí? Es que, nos contesta el camarero; han sido dos días seguidos de fiesta y… Ya no podía más, nos pedimos unas cervezas y nos fuimos de allí con la sensación de que Cartagena no es una ciudad, Cartagena es un pueblo, en el que no funciona nada, por mucho pecho que saquemos y por mucha imaginación que le echemos.
Si una ciudad turística cierra los museos en fiesta, si los bares no tienen lo elemental, si los encargados de cuidar estos detalles y a los visitantes, todo les da lo mismo, mal vamos. Y lo peor es que la tendencia no va a cambiar, simplemente porque a NADIE le duele.

